La donna è mobile

"Buscar y saber reconocer quién y qué, en medio del infierno, no es infierno, y hacerlo durar y darle espacio." LCiudadesInvisibles, ICalvino

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21/04/2005

Porno-trágico, epílogo

¿Qué has hecho? Dice el hombre. Nada que te importe, dice la mujer, apuntándole con el arma. ¿Vas a dispararme? Depende de ti, Héctor. Las tres mujeres han dejado de vagar desconcertadas por el escenario y se aproximan a Irene, situándose, sumisas y tranquilas tras ella. ¿Qué vas a hacer, convertirme en una de ellas, eso es lo que quieres Irene, un muñeco que te satisfaga? Aunque lo quisiera no podría, Héctor, ya lo sabes, hemos colocado demasiadas barreras en tu cabeza como para que ahora sea completamente inaccesible. Eres un hombre libre, ¿puedes creerlo? Un hombre liberado sometido a su libre albedrío...a causa de excesiva manipulación mental... paradójico, ¿no? Además, desde un principio parecías tener cierta resistencia a la manipulación de la voluntad. Por eso te escogí. ¿Y ahora que haremos, Irene? Yo volveré a dirigir la Corporación, tu... no sé por qué no te mato. Ríe sin dejar de apuntarle. Me gustas, Héctor. Tu y tus posibilidades físicas. Pero supongo que serás lo suficientemente idiota como para escoger cualquier camino siempre que creas que tu elección no está condicionada. Hagas lo que hagas, jamás sabrás si verdaderamente es tu decisión la que guía tus pasos. Y ahora que sabes la verdad sobre nuestros negocios, mucho menos. Mirarás por encima de tu hombro preguntándote si alguien te está controlando, incluso cuando la elección sea tan intrascendente como cuánto azúcar echar en el café o si encender un nuevo cigarrillo o no. Escoge Héctor, placer y poder sin límites o un remedo de libre albedrío. Pero no, ya has decidido. Renunciarás al poder y la gloria, ¿verdad? Pero, ¿es eso verdaderamente lo que quieres escoger? Vámonos, chicas.
Héctor, le murmura al oído al pasar, la próxima vez que nos veamos, ¿sabrás lo que quieres?

El hombre queda solo, pensativo y arruinado. Piensa en todos los placeres perdidos y en la vacua integridad que motiva sus actos, aunque ya no sabe que es lo que le motiva e impulsa. Una voz interrumpe sus pensamientos.
Amigo, dice Puerco, ayúdame a levantarme. Tenemos una venganza que planear.

Jueves, 21 de Abril de 2005 20:06. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 4 comentarios.

14/04/2005

Porno-trágico XII y último

Los acontecimientos se precipitan. Ya estamos cerca del fin, pacientes lectores. ¿Es necesario pormenorizar todos los pequeños detalles que conducirían al enfrentamiento final entre Puerco y Control en las ruinas del Luxor? Avanzamos, siempre avanzamos en la maldita línea del tiempo dispuestos a precipitarnos al abrupto final. ¿Pero tendrá final en esta historia? Sospecho que concluirá de forma tan vaga que el futuro de nuestros personajes quedará a merced de nuestra imaginación. Pensad que supondría para Control, por ejemplo, pasar el resto de su vida esclavizada a la voluntad de Puerco. Ella, acostumbrada a las delicias que proporciona el poder, sometida a los lascivos deseos de un ser cargado ávido de venganza. ¿Sería desgraciada? ¿Es posible sentir algo distinto a lo que la voluntad de quien nos domina nos obliga a creer, a sentir? Control, a quien Puerco cambiaría de nombre, sentiría cada día en sus carnes el placer indescriptible de la sumisión, despertaría cada mañana anhelando la dimensión inabarcable de la voluntad de su amo, la sima de sus ojos negros ocultos tras las gafas a los que le permitiría abismarse, sublimando así su paroxismo de obediencia, después de abordarla por detrás un día tras otro. ¿Sería Control feliz? ¿Y quién es feliz? ¿Héctor? ¿Héctor e Irene viviendo su historia de amor empañada por las dudas que le asaltan a él de vez en cuando? ¿Y si Irene...? No es posible, se dirá, ella estaba controlada por su jefa. Pero ¿y si todo hubiese sido una farsa? ¿Y si Irene...? pero jamás conseguiría concretar la duda, ni siquiera era capaz de planteársela si Irene estaba cerca. ¿Serían felices Irene y Héctor? A quién le importa. Gozarían de los placeres carnales, se adentrarían en escabrosos territorios de los que volverían incólumes gracias a su amor, o lo que él pensaba que era amor, beberían de sus cuerpos hasta quedar saciados, para volver a empezar, un día tras otro.
¿Y Puerco? Puerco es el vencedor de esta misógina historia. Representa la culminación del poder masculino vertebrado desde un falo dominante. ¿Debemos consentir que esto ocurra así? ¿Podemos consentir que una venganza se consume de forma tan atroz? ¿Qué el objeto de todo esto no conduzca más que al placer de Puerco en brazos de su sumiso harén?
Si tengo que ser sincero esta era la idea original de toda esta historia, si es que en algún momento existió más objetivo que el de sublimar la libido a través de la palabra escrita. A estas alturas de la narración todo estaba dispuesto ya para el apoteósico final: Puerco y Control frente a frente, mirándose fijamente a los ojos, cada uno intentando doblegar al otro. ¿Y qué veríamos? Al principio la escena parecería eternizarse en el tiempo (Puerco con su impermeable abierto, desnudo bajo él; Control pulcra pero atractivamente vestida, elevada sobre sus tacones) Una inmovilidad desazonadora para los espectadores (Irene, Héctor, las dos mujeres encadenadas) sostenida hasta más allá de lo soportable. Después, casi imperceptiblemente, las piernas de la mujer parecerían titubear, un ligero temblor acompañado por un gesto de estupor en el rostro de Control. El temblor se haría más intenso, hasta que ella caería arrodillada frente a la bestia y acercaría su boca al tumefacto ariete.
Y así fue, señoras y señores. Así fue. Mi triunfo fue perfecto, total, incontestable. Control succionaba ávidamente mi miembro, su mente totalmente subyugada a mi poder mental. Todo tal y como había planeado.
Entonces sonó un disparo.
¿No les parece tremendamente injusto, señoras y señores?

Jueves, 14 de Abril de 2005 11:22. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 8 comentarios.

06/04/2005

Porno-trágico XI

Aferrado a la pistola, Héctor empujó con el pie la desvencijada puerta que daba acceso al ruinoso y aparentemente abandonado cine Luxor. Puerco debía estar en su interior si Sonja no había mentido. Demasiados condicionantes... si Sonja no había mentido, si Irene le había dicho la verdad. Caminaba en la cuerda floja y era consciente. Puerco también querría contarle su versión de la verdad. Y Control... Control le había utilizado, le había engañado y mentido, pero no podía dejar de estremecerse cada vez que pensaba en ella. ¿Hasta que punto los tres actantes principales, Control, Puerco e Irene, le estaban utilizando? ¿Qué querían exactamente de él? Control quería encontrar a Puerco y éste que Control le encontrase. ¿Qué quería Irene? ¿Sentía algo por él, algo así como una afinidad entre mentes subyugadas, o tenía un objetivo inconfesable?
Empujó la puerta y se introdujo en las oscuras ruinas del antiguo cine. Lo único que tenía verdaderamente claro era que toda esta situación debía terminar ya. Poco le importaban ni el final de Puerco ni los motivos de Control. Lo encontraría, le detendría y le entregaría a aquella intrigante mujer. Luego desaparecería con la paga. Creyó ver luz al fondo de un pasillo filtrándose por debajo de unas ajadas cortinas. Avanzó tanteando el suelo, intentando no hacer ruido. Su mente trabajaba sin descanso.
Pensó en el niño deformado por los experimentos, que tuvo que ver cada noche como avanzaba la degradación de su ultrajada madre, que acudía a llorar junto a él en la cama del hospital. Pensó en el adolescente que a espaldas de la Corporación desarrollaba su intenso poder sobre las mentes de los demás. Hay una gradación en la Corporación, le había dicho Sonja. La compañía está estructurada de forma que cada escalafón tiene el poder de controlar a los miembros de escalafones inferiores, garantizándose de esta forma la fidelidad absoluta de los empleados y la obediencia ciega. Tienen unas normas morales que teóricamente restringen el uso de ese poder limitándolo estrictamente a asuntos laborales, aunque no siempre es así. Sobre todo en los escalafones más altos. Control pertenece al Consejo Ejecutivo, es la Presidenta. Por encima de ella sólo están los dueños de la empresa, si es que existen. Un miembro de la Corporación puede ejercer su derecho a controlar a otro empleado inferior de la Corporación. Sólo Puerco es capaz de controlar a una persona que no lleve el implante. Pues Control también puede, dijo Héctor, pensando en la forma en que le había manipulado.
Esquivó prudentemente las inmundicias del suelo. Puerco y Control, pensó. ¿Y si...? Fue un pensamiento fugaz que olvidó enseguida. Una duda descartada velozmente. Puerco y Control. Llegó hasta la cortina y la apartó lentamente con la mano que sujetaba el arma. Asomó la cabeza lentamente y contempló el interior de la sala. La parte central del patio de butacas estaba despejada. A los lados se amontonaban los grupos de sillas. El escenario estaba iluminado por la luz blanca del proyector. A un extremo de éste, Puerco estaba sentado en una butaca que semejaba un trono, vestido únicamente con el impermeable negro que, desabrochado, caía a los lados de su cuerpo sobre los brazos del sillón dejando ver su purulento cuerpo desnudo. Su pene era una opulenta serpiente aletargada sobre su pierna. Las dos mujeres de Puerco estaban también sobre el escenario completamente desnudas. Tenían en su tobillo derecho una argolla enlazada a una larga cadena atada al otro extremo del escenario de forma que solamente posadas sobre sus rodillas y estirando el brazo completamente, podían rozar el miembro dormido del hombre. Cuando una de ellas lo conseguía la otra trataba de impedirlo e iniciaban un simulacro de lucha sobre el escenario hasta que de nuevo una de ellas intentaba alcanzar el preciado trofeo. Puerco, tras las gafas oscuras sonreía. Héctor, semioculto tras la cortina no se movía, hipnotizado por la extraña escena, pensando como llegar hasta Puerco sin ser visto.
-Vas a estarte todo el día ahí, Ejecutor. Vamos, entra de una vez.
La voz de Puerco detuvo a las mujeres que se quedaron mirando a la entrada donde Héctor estaba oculto. Entró lentamente, sosteniendo ante él la pistola, sin dejar de apuntar a Puerco.
-Eso no será necesario, ¿verdad, chicas? ¿Para qué quieres un arma, Ejecutor, si no vas a poder usarla? Es tiempo de palabras, no de muerte. Acércate, vamos.
Héctor sube la escalera que lleva al escenario sin apartar la vista de las mujeres que le miran lascivamente. Obedeciendo a una orden sin palabras se alejan a su rincón del escenario y se acurrucan una junto a otra, sin dejar de mirar al ejecutor y acariciándose con suavidad.
-Es lo que ocurre cuando el control mental se emplea sobre agentes de la Corporación. Puedo asegurarte, Ejecutor, que no era mi intención convertir a estas mujeres en lo que son ahora, pero tampoco puedo dejar de someterlas a mi control. Para ellas sería como despertar de un tiempo vacío y no les quedaría más que la locura como asidero. Sabes de lo que hablo, ¿verdad? Yo no sabía que eran agentes y ahora es demasiado tarde. Dame la pistola, por favor
Héctor guarda la pistola en su funda y se queda frente a Puerco.
-Demasiados bloqueos mentales. Veremos como sales de esta Ejecutor. Están jugando contigo, detecto tantas barreras impuestas en tu cerebro que me es difícil acceder a tu voluntad. Hay alguien con mucho poder detrás de todo esto. Y voy a acabar con ese poder. Te voy a decir lo que quiero y no vas a poder negarte. Y no será porque yo te obligue, sino porque en estos momentos tú y yo deseamos la misma cosa.
Las mujeres han avanzado sigilosamente hasta situarse detrás de Héctor y se enlazan a él. Piernas, brazos, manos, labios por todos los rincones de su cuerpo, introduciéndose bajo su ropa, buscando su piel.
-Esto no es una paga, Ejecutor. Es el futuro. Tú y yo queremos lo mismo... en muchos sentidos. Cuando termines ya sabes lo que quiero.
-¿Y qué harás con Control?- dice Héctor.
- Eso, amigo, es asunto mío.

Miércoles, 06 de Abril de 2005 09:42. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 10 comentarios.

31/03/2005

Porno-trágico X

Escondido en las sombras del callejón, Héctor acechaba mientras volvían a su memoria las palabras de Sonja. La mujer le había contado mucho más de lo que él necesitaba saber. Ahora sabía donde encontrar a Puerco y suponía que éste no entendería su retraso, no entendería porque tardaba tanto en llegar. O quizás sí, Sonja dijo que Puerco era muy listo, tanto como para prever que, a través del Ejecutor, ella llegaría a conocer un placer que le estaba físicamente vedado. Héctor suponía que lo mismo que con Sonja, Puerco sabría que antes de enfrentarse a él, debería hacer lo que iba a hacer. O tal vez no, se decía manoseando nerviosamente la empuñadura de su arma en la funda. La calle seguía en silencio. Dijo Sonja que el placer la envolvía como una nube etérea, algo que, pese a sentirlo, no era enteramente suyo. Un placer ajeno, inducido. Pero un regalo de un buen amigo, de alguien que no la había olvidado en todos esos años, desde que fueron niños. La piel de aquella mujer seguía obsesionando al Ejecutor, y su voz, que parecía salir de un pozo de tristeza insondable, le mostró al verdadero Puerco, el niño desahuciado al borde de la muerte al que la Corporación transformó en un paria, el niño que vio, mientras su cuerpo se transformaba en algo horrendo, como su madre enloquecía por los experimentos de control mental a los que la sometió la compañía que salvó la vida a su hijo. Quid pro quo. Una vida por otra, una vida salvada a cambio de total inmunidad para destrozar otra. Los cultivos con ADN de cerdo habían regenerado los órganos colapsados del niño. A cambio, tanto Puerco como su madre habían aceptado unos implantes experimentales y rudimentarios de control mental. A causa de eso, o por una imprevista reacción del organismo enfermo del niño, su cuerpo empezó a degenerar convirtiéndolo en lo que es hoy. A causa de esa reacción inesperada los investigadores de la Corporación no se preguntaron porque el dispositivo de control mental no funcionaba en el niño. Sí funcionaba, sólo que supo ocultarlo. También funcionaba el dispositivo injertado a la madre. La sometieron a las más degradantes humillaciones para comprobar hasta que punto la voluntad era capaz de resistirse a las más viles peticiones. La mujer enloqueció. Recordaba todas y cada una de las vejaciones sufridas a cambio de ver como le decían que aquel elefantiásico cerdo era su hijo. Murió. Puerco sobrevivió perdiendo a su madre y su nombre, convirtiéndose con el tiempo en un empleado externo de la Corporación que seguía sin saber que el dispositivo de control mental funcionaba correctamente.
Héctor oyó como los pasos resonaban en la calle vacía y se pego más a la pared fundiéndose con las sombras. Un taconeo vivaz se aproximaba mientras extraía la pistola de su funda. Irene. Se abalanzó sobre ella tapándole la boca y arrastrándola hacía las sombras del callejón. Le puso la pistola ante los ojos. No grites, quiero hablar contigo. La espalda de la mujer contra su pecho. La pistola apoyada en la sien de la mujer. El otro brazo inmovilizando su cuerpo. Tengo que saber muchas cosas aún, ¿sabes? ¿Por qué me necesitáis? ¿Por qué no utilizáis vuestros putrefactos métodos de control mental para obtener la información? ¿Qué pinto yo en toda esta historia? Y ¿por qué tu, esta tarde, en casa de Sonja?
Te necesitamos. Puerco instala cierto tipo de bloqueos mentales que Control no puede saltarse. Fue ella quien estuvo en casa de esa mujer esta tarde. La acompañé, siempre me lleva a todas partes. Está indignada por no poder anticiparse a los movimientos de ese animal. Por eso te necesitamos, para saltarnos esos bloqueos, para saber que se propone Puerco, para anular ese poder que pertenece a la Corporación. Me haces daño. No necesitas esa pistola.
La mujer empieza a restregarse lentamente contra el cuerpo de Héctor. Sus nalgas trazan círculos voluptuosos sobre el miembro del Ejecutor. El brazo del hombre afloja la presión y asciende por el vientre de la mujer hasta acariciar uno de sus pechos. La otra mano aún sujeta la pistola.
¿Me estas controlando?
Control es quien utiliza a las personas. No hagas nada que no quieras hacer, no dejes de hacerme cualquier cosa que quieras.
El hombre siente su pene como algo desmesuradamente irreal a punto de explotar bajo sus pantalones. Acaricia con furia el pecho de la mujer mientras frota con el cañón de su pistola el sexo de la mujer. Ella continúa frotando sus glúteos contra el miembro del hombre, cada vez con mayor fuerza, buscando al mismo tiempo el contacto con el arma. El hombre le levanta la falda e introduce la pistola bajo la braga. La mujer se estremece ascendiendo y descendiendo sobre el metal. Luego se gira y desabrocha los pantalones del hombre. Héctor observa incrédulo aquella palpitante masa de venas azuladas que surca su irreconocible pene, hiperdimensionado, desbordante, abriéndose paso al frío aire del callejón. La mujer apenas puede rodear con su mano el tronco inflamado sobre el que se arroja ávida, su boca no puede abarcar el enrojecido bálano.
En el callejón, al amparo de las sombras, un enloquecido baile se ejecuta en silencio. La mujer aloja en su interior la pujante carnosidad. El hombre cree dominar el universo en el cuerpo de la mujer. En el suelo, una pistola.

Jueves, 31 de Marzo de 2005 15:06. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 4 comentarios.

23/03/2005

Porno-trágico IX

Despertó aturdido por la acumulación de sensaciones: La fría tapicería del sofá en la piel de la espalda; el escozor de la miríada de heridas trazadas sobre su cuerpo; la luz de la mañana inundando el despacho transformándolo en un lugar irreconocible; la lengua de Control lamiendo con morosa deleitación cada uno de sus arañazos; la hierática presencia de la secretaria, de pie, tras el sillón.
Se amparó de nuevo en su propia oscuridad intentando aclarar su aturdida mente. Recordaba lo sucedido en el callejón y también lo que no ocurrió mientras indeciso esperaba horas antes frente al edificio de la Corporación. No recordaba que sucedió luego de enfrentarse a Puerco ni como le habían traído hasta el despacho de Control. Con los ojos cerrados la sensación dominante era el alivio que la mujer proporcionaba mientras lamía sus heridas. Los brazos, el pecho, el vientre. Cerró los párpados con fuerza cuando Control restañó los rasguños de su escroto. La lengua de la mujer ascendió por el tronco inhiesto hasta que su boca pudo atrapar el bálano inflamado y, con lentitud premeditada, descendió sobre el miembro, ascendió de nuevo y se separó ralentizadamente, dejando un hilo de saliva entre sus labios y el glande.
¿Qué ocurrió anoche, Héctor?
La plateada hebra se quebró en el aire.
El hombre busca una respuesta mientras la violácea cabeza se endurece por la salvaje presión de la mano de Control. Intenta dominarse mientras recuerda las palabras de Puerco, sus veladas insinuaciones. Dice:
Me encontré con Puerco.
Esperando que no haya más preguntas. Comprueba con alivio que la mujer guarda silencio, que se abalanza sobre él, que le cabalga. Él se agita dentro de la mujer, con un frenesí violento, sin importarle la presencia de la secretaria.
Fuese una decisión tomada mientras dormía o una muestra de su personalidad hedonista o su egoísta reacción a lo desvelado por Puerco, el Ejecutor había determinado aprovechar cada segundo de placer que aquella investigación pudiese proporcionarle. Poco le importaba si le estaban manejando o no ni las consecuencias de aquellos encuentros. Aprovecharía a su manera cada instante de placer. Y así lo hizo, con vengativo silencio terminó mucho antes que la mujer. Control le miró enfurecida y se separó de él visiblemente molesta. La secretaria avanzó un paso hacia ellos, pero Control la detuvo con un gesto de su mano.
No importa, Irene. Nuestro hombre está agotado.
Y esta nueva determinación del ejecutor nos lleva a saltarnos lo que ocurre a continuación, la sarta de trivialidades situacionales propias del relato detectivesco que nada importan en este momento. Sólo dos cosas son relevantes en este salto temporal: El hombre no explicó a Control su conversación con Puerco y, finalmente, dio con Sonja.
De todas las formas de prostitución, quizás la que practicaba Sonja era de la más terribles. Incapacitada físicamente para sentir ningún tipo de placer, los clientes encontraban en aquella mujer la imagen de una fría virgen hiperbórea, proporcionándoles la esperanza de ser los primeros en rescatarla de su helado cautiverio. Los ardorosos caballeros andantes creían rescatar a la doncella cautiva cuando en realidad se entregaban a las fauces de la bestia que les devoraba, en este caso exigiéndoles el pago de un placer decepcionante.
El Ejecutor quedó deslumbrado por el rojo cabello de la mujer, por su extrema palidez y, luego, por la contradictoria calidez de su piel. Por la resignada tristeza que emanaba y por su voz llena de matices del frío norte. Confío ciegamente en Puerco, dice Sonja preparándose, y acepto las condiciones del reto que te impuso. Si consigues que tenga un orgasmo te diré todo lo que quieras saber sobre él. Te advierto que jamás nadie...
Se interrumpe, dejando en el aire un silencio cargado de pesadumbre y, a la vez, de irremediable resignación.
Héctor asiente dispuesto a llevar hasta el límite su decisión de aprovechar todo momento de placer, intentando eludir la empatía que siente hacia la vestal que permanece desnuda sentada en el borde de la cama, con las rodillas juntas y las manos sobre las piernas. Por un momento duda que su decisión sea enteramente suya pero estira sus manos y toca con la punta de sus dedos el rostro de la mujer. Suavemente recorre la insólitamente cálida piel, la frente, detrás de las orejas, el cuello, los hombros. No hay rincón del cuerpo de Sonja que los dedos de Héctor no alcancen con inusual ternura, ni remotos confines que labios y lengua no recorran. En sus manos el cuerpo de Sonja tiene la textura de la cera tibia. Héctor la moldea lentamente a la búsqueda de una brecha por donde lanzar su ataque en vano. Sobre la cama la mujer es un cadáver insensible. Héctor siente una excitación irracional, voltea el cuerpo de la mujer en todas direcciones y la embiste desde cien posiciones sin obtener ninguna respuesta. Hay mucho en juego, pero lo que verdaderamente de debate es la hombría de Héctor. La muñeca de cera resiste todos los embates sin mostrar ninguna emoción.
El sudor corre por el rostro del hombre empeñado en una lucha inútil cuando cree oír un ligero roce tras la puerta como si alguien... La mujer se arquea entre sus brazos dejando escapar un leve gemido, Héctor arremete con violencia, Sonja se acopla a su movimiento entreabriendo sus labios de los que escapan leves gritos de placer. En un instante todo ha concluido. La mujer cae sobre la cama desecha completamente exangüe. Héctor se viste rápidamente y corre hacia la puerta, la abre, oye ruido de pasos que se alejan, Héctor persigue el furtivo taconeo hasta la calle donde puede ver, fugazmente la pierna de una mujer entrando en un coche.
Irene, dice.

Miércoles, 23 de Marzo de 2005 18:59. [ + ]. Tema: Porno-trágico No hay comentarios. Comentar.

16/03/2005

Porno-trágico VIII

Vuelve Puerco. En esta claustrofóbica y rapidísima secuencia la trama se pone de su lado invitándonos a una demostración de los poderes de esta criatura, en esta ocasión, midiéndose sobre Héctor.

Apenas tiene tiempo para llegar a la hora de la entrega en la sala de fiestas donde Puerco realizará su número esta noche. Corre. Sabe donde está el local, pero no conoce muy a fondo esa zona de la ciudad. Corre, girando intuitivamente a derecha o izquierda, esperando de esa acelerada geografía mental llegar lo más rápidamente posible. Se desorienta en un dédalo de abigarrados callejones, pero no deja de correr, rectificando sobre la marcha, sin volver jamás atrás. Corre por otro callejón, dobla otra esquina, otro callejón, otra esquina, corre. Corre hasta topar con el reflejo opaco de unas gafas de sol. Puerco sonríe. Héctor se detiene a seis metros de él. A espaldas de Puerco unos hombres acaban de descargar una furgoneta negra. Héctor contempla la escena. La sonrisa de Puerco demuestra que estaba esperándole. Héctor busca bajo la chaqueta y estira el brazo empuñando un revólver. Puerco sonríe enarcando una ceja y agita levemente su mano derecha. El chasquido de un látigo eléctrico rasga el espacio entre los dos hombres. Héctor grita mientras siente una descarga extendiéndose desde su codo por todo el cuerpo, un dolor que avanza sináptico hasta llegar a toda terminación nerviosa. Se derrumba. Puerco permanece inmóvil observando los efectos de su arma. Sonríe satisfecho mientras contempla como en el cuerpo desmoronado junto a la pared, se van disipando los efectos de la descarga. Héctor gime en el suelo observando a su rival mientras se recupera lentamente, como despertando de una atroz pesadilla. Su brazo derecho está completamente paralizado hasta el hombro, totalmente insensible. Mira su revólver caído a pocos metros de él. Mira a Puerco. Mira de nuevo el revólver iniciando un débil movimiento. Mira a Puerco quien sin dejar de sonreír eleva su dedo índice y le hace un gesto negativo. Héctor se apoya contra la pared mirando a Puerco. Éste hace restallar el látigo en el aire del callejón. Héctor cierra los ojos pero nada le ocurre. Oye como las puertas de la furgoneta se abren. Vuelve a mirar y puede contemplar a dos mujeres que descienden lentamente del vehículo, la morena es la agente de aduanas secuestrada por Puerco, la rubia supone acertadamente que es la bailarina. Las dos mujeres están comprimidas en brillantes trajes de látex desde el cuello hasta los pies calzados con zapatos de tacón desmesurado. El traje de la morena es rojo, el de la rubia negro. Las dos mujeres avanzan acercándose a Héctor, rodeándole, la bailarina acercándose a su brazo paralizado, la agente, pasando frente a él, se colocará al lado izquierdo. Héctor contempla las sinuosas formas del cuerpo de la morena hasta que el destello aterrador de las uñas de la mujer le paralizan. Mira enloquecidamente a un lado y a otro comprobando que las manos de las mujeres terminan en afiladas prótesis metálicas. La rubia deja que sus cuchillas chirríen contra la pared mientras avanza. Héctor quiere huir pero su cuerpo está embotado de dolor. En su espanto juraría que las mujeres ronronean mientras cierran el cerco.
El primer zarpazo arranca un botón de su chaqueta. Héctor se acurruca intentando protegerse, pero no sirve de nada. Pronto su ropa está completamente deshilachada y su cuerpo cubierto de leves arañazos. Las mujeres son cuidadosas. No pretenden herirle de momento. Desgarran con precisión la ropa del hombre hasta dejarle completamente desnudo. Héctor intenta protegerse como puede, pero siente una de las cuchillas bajo su barbilla obligándole a estirarse en el suelo. La morena se arrodilla sobre sus hombros. Héctor intenta morderla el sexo, pero sus dientes resbalan en la bruñida superficie. La mujer desliza una de las cuchillas por la mejilla de Héctor, una acerada caricia que se dirige hacia su ojo. Héctor no intenta luchar. Siente las cuchillas de la rubia resbalando por su pecho, deteniéndose en los pezones, rodeándolos con el frío metal de sus uñas mortíferas. Descienden por su vientre dejando ligeros rastros de sangre. El hombre sabe cual será el final de aquel recorrido y se estremece aterrorizado. Las uñas llegan a su pene, rodean su base y rozan sus testículos, sopesando la presión necesaria para rasgarlos. Héctor siente una de las cuchillas recorriendo su perineo, llegando hasta su ano, circunvalarlo suavemente, una, dos, tres veces. De pronto siente con absoluta convicción que aquellas mujeres no van a dañarle, que su temor es infundado. Y junto a la certeza irracional una oleada de placer le recorre. Su miembro empieza a erguirse. La rubia ronronea, la morena se gira contemplando su naciente erección y se abalanza sobre su pene, la rubia la empuja, la morena le enseña las uñas, la rubia se pone a la defensiva y el látigo vuelve a rasgar el silencio de la noche. Las mujeres se retiran. Puerco sin dejar de sonreír se acerca a Héctor.
-Dime, Ejecutor. ¿No has percibido estos días que cosas extrañas suceden a tu alrededor? ¿No has notado en ocasiones cómo si tu voluntad flaquease, cómo si actuases movido por anormales motivaciones? ¿Has tenido sensaciones curiosas, visiones casi reales? Se llama control mental. Ya has visto a mis dos colaboradoras, ni siquiera tengo que abrir la boca para ordenarles que deben hacer. Me pierde lo teatral. El chasquido del látigo, las máscaras. En fin, todos tenemos nuestras debilidades. ¿Quieres otra demostración?
Coge el revólver y lo deja sobre el pecho de Héctor.
- Vamos, dispárame. Es la orden que tienes implantada. ¿Sufres? ¿No puedes hacerlo? Vamos, inténtalo de nuevo. Dispara. ¿Lo entiendes? Control mental. ¿Quieres saber más? Busca a Sonja. Si consigues superar la prueba a la que te someterá empezarás a entender. Tengo que dejarte. Tus amigas vienen a buscarte. Mejor suerte la próxima vez.

Miércoles, 16 de Marzo de 2005 15:48. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 8 comentarios.

10/03/2005

Porno-trágico VII

He aquí un capítulo recopilatorio y sospechoso de suspender la trama. O no.

¿Qué pasó en la última entrega?
Que Héctor López estaba detenido frente al edificio recordando lo ocurrido la noche anterior.
¿Y qué había ocurrido la noche anterior?
Qué mientras se entregaba lúbricamente a informar a Control, Héctor tuvo una visión perturbadora que le incluía a él, a Control y a su secretaria, Irene.
¿Y cuál fue esa visión?
Ya está explicado. Lo que importa es que aquella visión le trastornó de tal manera que cambió el rumbo de la investigación.
¿De qué forma le trastornó?
Aquella visión llegó a ser más real que lo real, más vívida que lo vivido. Se convirtió en una obsesión que le acompañó el resto de la noche, asaltándole a cada momento, volviendo con lacerante sensualidad a su memoria a cada instante.
¿Y, obsesionado de esa manera, qué hizo?
Vagó. Al salir del edificio vagó por la ciudad dejándose llevar por el azar. O eso creía él. Los que conocemos el final de esta historia sabemos que el azar no tuvo nada que ver con sus descubrimientos.
¿Y qué descubrió?
Una fecha, una hora y un lugar de una nueva entrega de Puerco escuchando casualmente una conversación oculto en las sombras del fondo de un bar, ante el vaso mediado y la desesperación de las imágenes asaltándole. El día es hoy, la hora más tarde, el lugar es intrascendente para nuestra historia.
¿Y qué espera para informar a Control?
No acaba de decidirse. Contempla el edificio desde la acera de enfrente. Tiene aspecto de haber dormido mal, lacerado por las excitantes imágenes que no han desaparecido de su mente. Pero eso no es lo que lo detiene.
¿Qué es, entonces?
Que la visión parece haberle dotado de una clarividencia que le sobrepasa. No quiere entrar en el edificio de la Corporación porque sabe exactamente lo que va a ocurrir en su interior.
¿Qué va a ocurrir?
Que pasará ante la mirada fría e indiferente de Irene, que sentirá los ojos de la secretaria clavados en su nuca, que se girará buscando esa mirada inexistente, que Control captará su gesto y lo atraerá hacia sí, murmurándole sensualmente, desnudándole, desnudándose, acariciándole, y, finalmente, dándose cuenta de que el hombre fija su vista en la pantalla del ordenador apagada.
¿Y cómo reaccionará Control?
Sonreirá maliciosamente y hará entrar a la secretaria. Le susurrará unas palabras al oído. La secretaria desaparecerá por un panel que el hombre no había distinguido y aparecerá poco después, vestida tan solo con unos zapatos de tacón alto y un collar de cuero ajustado al cuello del que pende una larga cadena plateada que entregará a Control. Control tirará suavemente pero con firmeza de la cadena atrayendo a Irene hacia su cuerpo, quien empezará a besarla el cuello, los hombros, los pechos, el vientre, el sexo, mientras el hombre contempla la escena sentado en el sofá, molesto por aquella muestra de sumisión, pero tremendamente excitado. La larga cadena va desde la mano de Control hasta el cuello de Irene pasando por la espalda, entre las nalgas, rozando el sexo de la secretaria a cada pequeño tirón de Control. La obliga a acercarse al hombre, a que lama su pene inhiesto, y después...
¿Qué?
La imagen que le asaltó ayer se hará realidad. Pero no es eso lo importante. Lo importante es el cambio en su actitud. Él siempre ha estado dispuesto a atrapar el placer allí donde fuese, sin detenerse en consideraciones morales. Pero esa clarividencia le hace ver más allá del placer carnal y siente, sentirá cuando entre en el edificio, sentirá mientras penetre a Control con la lengua de Irene recorriéndoles a ambos, sentirá que debe irse, que no debe estar allí.
¿Pero ocurre o no ocurre?
No. No es necesario. Héctor siente toda la escena con una intensidad tan fuerte que afecta a todos sus sentidos. Lo siente como si ya hubiese ocurrido, como si estuviese ocurriendo ahora, como si estuviese ocurriendo continuamente.
¿Y qué hace?
Héctor da media vuelta y se aleja del edificio. Esta noche no informará a Control. Acudirá a la cita solo, dispuesto a atrapar a Puerco y acabar con este caso de una vez. Tiene tiempo. Mira el reloj. No tiene tiempo. Debe apresurarse para llegar en el momento de la entrega. No comprende cómo. Parece que hubiese estado detenido frente a la Corporación durante dos horas. Empieza a correr sintiendo una molesta humedad en su entrepierna.

Jueves, 10 de Marzo de 2005 00:21. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 6 comentarios.

02/03/2005

Porno-trágico VI

Ejecutor es un personaje, para mí, con mayor atractivo que Puerco (y ésto que Puerco...). Es con él con quien viajamos a los entresijos de la historia. En esta entrega podemos darnos cuenta del nivel de su implicación en las investigaciones —ya mucho más allá de lo sanamente recomendable (y que el autor incrementa hábilmente)—, de la maldad-malísima de Control, de las perversiones a las que se ven sujetos (parte que dará mucho giro a las caderas sobre la silla), —indirectamente— de las nuevas heroicidades de Puerco, del poder de las ya mencionadas máscaras de gas. Bueno, me callo, a leer:

Desde hacía cuatro días, al caer la noche, el hombre entraba en el edificio de la Corporación, recorría los pasillos casi desiertos hasta llegar al despacho de Control, donde le informaba de los avances de la investigación. Pero aquella noche se detuvo frente al edificio contemplando los últimos rayos de sol reflejándose en la brillante superficie de los pisos más altos.
Para el Ejecutor los días anteriores habían supuesto el inicio del trabajo rutinario, el de los contactos y las confidencias, el de los sobornos, el de los rumores que no conducían a nada, el de reunir datos, cotejarlos, comprobarlos, el de patear la ciudad de noche de local en local hasta el amanecer, buscando infructuosamente un indicio sobre las actividades de Puerco. Siempre llegaba tarde o volvía a su casa con las manos vacías y se derrumbaba exhausto en su cama para caer en manos de un sueño intranquilo.
Se despertaba a media tarde con un café bien cargado, repasaba sus notas y con la lección aprendida, al anochecer, se dirigía a las oficinas a presentar su informe diario a Control. Pero antes debía atravesar la antesala ocupada por la secretaria, sentir su indiferente frialdad que le producía un cosquilleo de inquietud, quien con gesto impasible, sin mirarle, accionaba la apertura del despacho de su jefa. Control musitaba un sensual “Héctor” cada vez que él atravesaba el dintel y la puerta se cerraba a su espalda, y el roce de las medias de la mujer mientras avanzaba seductoramente hacia él hacía que se le erizase el vello de su nuca. La inicial sensación de desagrado que toda aquella escena le producía desparecía entre los brazos de Control, y mientras la mujer le desnudaba y se desnudaba, le exigía que fuera explicándole los detalles de la investigación. Resultaba chocante ir desgranado lo poco que había averiguado mientras sus cuerpos se atraían salvajemente, como si dos instantes distintos de tiempo se mezclasen caótica pero ordenadamente, como si el placer formase parte de la tarea de informar. La perversa sensualidad de Control le subyugaba y la obligación a la que le sometía le excitaba aún más. Mientras la lengua de la mujer exploraba los entresijos de su glande, el hombre relataba entrecortadamente las últimas acciones de Puerco, explicaba como éste repetía noche tras noche, en lugares distintos, el espectáculo del AMS. Sin duda, dijo, intenta, cerró los ojos mientras su miembro se abismaba ente los labios de Control, abrirse un mercado, cerró las manos sobre los hombros de ella, para vender la droga, y ella se detiene y le mira a la cara y le dice que siga, mientras se incorpora para sentarse sobre él, acoplándose, cabalgándole, poniendo los pechos oferentes a la altura de su boca, que narraba aparentemente indiferente al deseo, con el deseo indiferente a todo testimonio. Eran encuentros brutales en los que los informes se dilataban hasta saciar la última gota de placer, brillantes de sudor, con el corazón acelerado, jadeantes.
Con ligeras variaciones cada día se repetía la misma rutina a la que el Ejecutor se entregaba con placer, dispuesto a aprovechar cada instante de aquel trabajo. Hasta ayer.
Ayer el ordenador de Control permanecía encendido mostrando las imágenes que captaban las cámaras de vigilancia. En una el hombre se vio a sí mismo ejecutando una danza convulsa y frenética con Control. Creo que estoy cerca, decía a cada embestida, estoy tras la pista de las máscaras de gas. Dejó de hablar. Otra de las cámaras mostraba la antesala del despacho de Control, la mesa de la secretaria y el ordenador de ésta en el que se veía como una grotesca repetición infinita los mismos cuerpos desnudos. Irene contemplaba las imágenes mientras se masturbaba.
En el paroxismo de la cópula no resultó extraño que el hombre girase a la mujer impidiéndole ver las imágenes del ordenador. La acometió por detrás con una violencia desaforada. Control gemía olvidándose del informe, mientras el hombre buscaba con la mirada la cámara que le está grabando, para que la secretaria sepa que la está viendo, buscando la complicidad de la mirada de los mirados. Su vista va frenéticamente de la cámara a la pantalla mientras su pelvis ataca brutalmente los flancos de la mujer tendida, pero la secretaria continua masturbándose con los ojos cerrados, la cabeza inclinada hacia atrás. Desesperadamente el hombre intenta llamar la atención de la observadora llevando sus movimientos a un límite extremado que hace que Control grite. La secretaria mira por un momento la pantalla y ve la mirada del hombre que la mira.
Entonces, como un destello que atravesase su cabeza el hombre tuvo una fugaz visión. Él estaba sentado en el sofá mientras Control, de espaldas a él, ascendía y descendía deslizándose sobre su miembro, mientras, arrodillada en el suelo, la secretaria lamía alternativamente el pene del hombre y el sexo de la mujer.
Después todo cesó. Un momento de olvido total, una nada oscura y viscosa le envolvió hasta que abrió los ojos y vio a Control vistiéndose que le decía ¿qué te pasa, Héctor, cariño? ¿Cariño?, pensó él atravesando las brumas de un sueño mientras las vívidas imágenes permanecían demasiado reales. Tienes trabajo, ¿recuerdas?
Se vistió y abandonó el despacho. Atravesó el vestíbulo mirando a la secretaria que, aparentemente absorta en su trabajo, le ignoró glacialmente.
Cuando llegó a la calle el hombre pensó que el rastro de un rubor en las mejillas de Irene no eran fruto de su imaginación.
Miércoles, 02 de Marzo de 2005 14:44. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 17 comentarios.

23/02/2005

Porno-trágico V

Así los dejamos recuerdas, me murmura en la oreja. Puerco estaba completamente desnudo y la agente empezaba a desabrocharse la blusa. Me ordena desnudarme con los ojos brillantes, desabrochándose la camisa tras arrojar la chaqueta al suelo. Cuando termino empieza a restregarse contra mi pierna de forma que poco a poco su falda va subiendo. Pasea la punta de sus uñas por mi glande enrojecido. Rojo sobre rojo, fuego sobre carne. Se aparta un momento de mi lado y pone en marcha el video. Las imágenes parecen mostrar nuestra anterior posición que Control no tarda en reproducir. Vuelve a restregarse sinuosamente sobre sus altos tacones contra mi cuerpo, dejando que la falda se arrolle en su cintura. Debía haber programado este momento pues no lleva ningún tipo de ropa interior. Empieza a hablar mientras nos sincronizamos con la grabación como si la conociera de memoria:

Así, la agente se frota contra Puerco y su lengua busca su oreja, ¿lo ves? (Coge mi mano) Yo te indicaré. Espera, deja que chupe tu dedo primero. Puerco busca las nalgas de la agente, así, y su dedo, (...) así, más dentro, y la levanta hasta que sus pies no tocan el suelo, (...), la mujer estira su mano y coge fuertemente el miembro de Puerco, vaya, no es lo mismo, pero tampoco desmerece,... para un ser humano quiero decir, lo estira como si quisiera arrancarlo, quiere morderlo, pero Puerco la tiene inmovilizada en el aire, levántame más, más, ahora introduce otro dedo, otro, (...), la mujer está desquiciada, ¿ves?, (...), Puerco amasa violentamente el pecho de la mujer con su mano libre haciendo que esta se arquee en el aire, (...) ella debe soltar el miembro de Puerco, no puede alcanzar con su mano aquella promesa que debe explotar en sus entrañas. Entonces Puerco extrae sus dedos liberando su presa, (...), y sin dejar que toque el suelo, la sujeta por las nalgas con ambas manos la voltea en el aire e introduce su asqueroso hocico en el sexo de la mujer, (...), y... eso... permite... que la agente... pueda coger... aquella monstruosidad que golpea su rostro, (...), vale, vale, espera, ahora Puerco deja a la mujer en el suelo y la inclina hacia delante levantando sus nalgas, recuerda que ese cerdo es cualquier cosa excepto un caballero, (...) veo... que... has... entendido... (...), la mujer, llora, ¿ves? aquello es monstruoso pero se retuerce de placer (...) siente el dolor incrementando su placer (...) sigue, no duele (...) duele (...) basta, basta, grita mientras su cuerpo niega sus lamentos (...) ahora dame la vuelta como hizo Puerco (...) así (...) sigue hasta que pierda el conocimiento, y sigue más, y sigue hasta que caiga exhausta, desmayada, desmadejada (...)

Me senté en el sofá mientras Control imitaba la última postura de la agente en el suelo, expuesta, vulnerable y al mismo tiempo retadora, exhibiendo su triunfo. Luego giró la cabeza y me miró inexpresiva. Nos vestimos en silencio. Dicen que el hombre es un animal triste después del coito. No sé que aspecto tenía en aquel momento, ni si parecía triste, lo único que puedo decir es que mi cabeza funcionaba mucho más deprisa de lo normal, como si librándome de la tensión sexual hubiese alcanzado un instante de total comprensión. Toda aquella situación no cuadraba en absoluto. Había en todo aquel caso muchas cosas que no se me habían dicho, información que habían decidido que yo no necesitaba conocer. Todo lo ocurrido en aquel despacho formaba parte de una actuación organizada encaminada a desviar mi atención de aspectos fundamentales del caso. Y si Control parecía haberse entregado gratamente a aquella representación no era tan sólo por intereses personales. Tenía la sensación de que estaban jugando conmigo, de que no era más que una marioneta dirigida por unas manos invisibles.
(...)

Señoras y señores, espero que sepan disculparme esta interrupción de las divagaciones del Ejecutor, a la que me obliga una disyuntiva insalvable. Si bien es cierto que a la literatura no se le exige necesariamente ningún punto de contacto con la Verdad, no es menos cierto que todo relato debe asumir un compromiso de Verosimilitud. Pero llegados a este punto no tengo más remedio que intervenir. No es mi intención desacreditar la faceta de narrador contraída por Ejecutor, pero, y admitiendo ante ustedes que obra en mi poder el manuscrito completo de sus andanzas, debo avisarles, no sin cierta compunción, que, a priori, es imposible que la parte final de lo narrado hasta ahora sea cierta. Ejecutor rompe la regla de la Verosimilitud llegado a este punto, y no precisamente porque sus proezas sexuales, las contadas hasta ahora y las por venir, incumplan ese requisito. Es cierto que el género de la fantasía erótica está, para algunas personas, muy alejado de la Verdad, pero me consta que no incumple con la Verosimilitud. Sin embargo los razonamientos producidos por la tristeza postcoital obedecen a otro tipo de condicionantes como más adelante podremos descubrir, condicionantes que impiden de cualquier manera que Ejecutor sea consciente de la lucidez especial que le ha producido la “liberación de la tensión sexual”
Así que, señoras y señores, me van a permitir que, en aras de la Verosimilitud, a partir de este momento, personal y omniscientemente, me haga cargo del resto de la narración.
Atentamente:
El autor.

Miércoles, 23 de Febrero de 2005 15:29. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 2 comentarios.

16/02/2005

Porno-trágico IV

Dejamos la mesa y nos dirigimos a un rincón del despacho en donde, en torno a una mesilla se encuentran un sofá de dos plazas y un sillón enfrentados. Me hace sentarme en el sofá y, permaneciendo de pie, empieza a hablar.
No voy a entrar en demasiados detalles técnicos, pero el AMS hace tiempo que dejó de ser una leyenda urbana para convertirse en una realidad en forma de droga sintética basada en el funcionamiento de las feromonas. Ya has podido comprobar los distintos efectos que produce en hombres y mujeres. No voy a contarte nada sobre los procesos inconscientes que se desarrollan a nivel neuronal, pero la mayor parte de los bloqueos racionales son superados por el efecto del AMS liberando los instintos del cerebro ancestral. Muchos de esos bloqueos permanecen para preservar la integridad de los individuos y se supone que es causa del desmayo de los sujetos varones y preserva, aunque no siempre es posible, el equilibrio mental de las mujeres expuestas a la droga. En fin, todo esto es palabrería. El producto está aún en fase de experimentación.
Abro los ojos desmesuradamente. Control no puede dejar de notar mi asombro.
Sí, dice, la Corporación es el fabricante. Una oscura factoría en un ignoto país con una política magnánima para con las empresas que pagan generosamente. De que forma Puerco se hizo con el producto no tiene importancia ahora.
Todo esto parece bastante fantasioso, digo, no he visto en la grabación nada que me indique que se están empleando drogas. Parecía otro tipo de...
Puerco es especial, me interrumpe Control. De alguna manera es inmune al AMS. La forma normal de administrar la droga es por inhalación cuando se la hace calentar. Puerco no podía introducir el material sin que fuera detectado en la aduana, que estaba alertada. Lo que no podíamos suponer es que Puerco se impregnaría el cuerpo con la droga gracias a su inmunidad. Ya has visto su extraña indumentaria, herméticamente cerrada para evitar las fugas.
Mi mirada expresa incredulidad. Hay en toda la historia algo que no cuadra. Control sonríe levemente.
¿Quieres una demostración?
Las pupilas se me dilatan involuntariamente. Me pongo rígido en el sofá.
No conmigo, dice ella francamente divertida.
La puerta se abre de nuevo y en completo silencio entra la secretaria.
Adelante, Irene, acérquese, por favor, dice Control. Siéntese. Usted es una empleada modélica y sé que puedo confiar plenamente en usted. Por muy extraño que le parezca lo que va a desarrollarse en esta habitación, le ruego que permanezca sentada en el sillón y no se mueva. Si lo prefiere, empleando un lenguaje que no es habitual entre nosotras, le ordeno que no se levante del sillón bajo ningún concepto.
La mujer asiente con la cabeza y se sienta alisando su falda, en el borde del sillón, con la espalda recta y las rodillas juntas. Tengo un ligero atisbo del final de sus medias y me fuerzo a mirarle al rostro. Sonrío amistosamente pero me encuentro ante el muro de su indiferencia, de su mayestático silencio. Control pone en la mesilla una especie de incensario. Me da una mascarilla simple que se adapta con un par de elásticos tras la cabeza y una varilla metálica que debe presionarse sobre la nariz. Con eso bastará, dice mientras se pone una mascarilla idéntica. Vierte una sustancia oleaginosa en el incensario y prende una pequeña vela que calentará la sustancia. Control se sienta ladeada en el sofá, una pierna cruzada sobre los cojines y la otra estirada hasta el suelo, de forma que le basta inclinarse hacia mí y decirme al oído que debemos esperar.
Esperamos. Me siento como un estúpido contemplando la hierática inmovilidad de la secretaria. Del incensario brota un tenue hilillo de humo, pero no ocurre nada. La mujer permanece imperturbable hasta que un ligero espasmo sacude sus brazos. Sus manos se aferran a los brazos del sillón y su cuerpo se inclina ligeramente hacia atrás. Junta las rodillas con fuerza y sus hombros empiezan a temblar a causa de la tensión. Deja caer su espalda sobre el respaldo del sillón al mismo tiempo que sus piernas se abren. Se desliza hacia abajo haciendo que su falda suba por encima de sus muslos. Ahora puedo ver sus medias, el liguero que las sujeta, la tenue tela de sus bragas que emiten un brillo orgánico. Desanuda su blusa y deja que sus manos acaricien todo su cuerpo, de sus senos hasta sus piernas. Su cabeza se inclina hacia atrás. Una mano se introduce bajo la braga mientras la otra amasa febril uno de sus pechos. De pronto incorpora su cabeza y sus ojos se fijan en los míos, un brillo de una lubricidad casi animal domina su mirada mientras sin apartar la vista se arroja de rodillas al suelo y avanza hacia el sofá. Se acerca felina y lentamente mientras yo me echo hacia atrás. Su cabeza se acerca a mi entrepierna dominada por una irreprimible erección.
Es suficiente, dice Control, y con un gesto rápido coloca en el rostro de la secretaria otra mascarilla. Por un momento la mujer parece seguir en su empeño, pero Control coge su cabeza acariciándola el pelo. Ya está, Irene, no se preocupe, ya pasó, murmura con la cabeza de la mujer en su regazo. Sin dejar de acariciarla el pelo, los hombros, la ayuda poco a poco a recomponer su vestimenta. La mujer parece recuperarse poco a poco hasta que recupera su flemática indiferencia. Muchas gracias, Irene, puede retirarse. La secretaria desaparece en silencio mientras arregla su ropa sin dirigirme ni una sola mirada. Control, me mira. ¿Convencido? No puedo responder. Control se acerca a mí. Vaya, ¿qué te ocurre? ¿No te ha gustado? ¿Pareces bastante dispuesto? Torpemente respondo, prefiero que estas cosas sean de mutuo acuerdo. Bien, dice Control mientras se levanta y empieza a rebobinar la cinta, entonces voy a explicarte lo que falta de la grabación. Estirando de mis manos me levanta del sofá. Pega su cuerpo al mío, mete la lengua en mi oreja y explica.

Señoras y señores, quiero agradecerles la atención prestada hasta el momento. Espero que estén disfrutando leyendo, tanto como yo lo estoy haciendo escribiendo. Pero es mi obligación hacerles una importante advertencia, lo mejor, lo mejor está aún por llegar. De todas formas pueden ir ustedes aventurando hipótesis sobre como terminará esta historia.

Miércoles, 16 de Febrero de 2005 16:04. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 11 comentarios.

10/02/2005

Porno-trágico III

Deja una carpeta sobre la mesa en la que se encuentra la siguiente:

Trascripción de la declaración de Antonio Pérez, también conocido como Toni Cascas:

Fue el sábado pasado y se anunciaba como La fiesta sexy, ¿a lo mejor habéis visto los carteles? ¿no? Bueno, pensé que sería la típica propaganda de las discos en las que las tías entran gratis y los tíos vamos como borregos a ver si pillamos algo y al final nos volvemos pa casa con el rabo entre las piernas, sin pasta en el bolsillo y con un calentón que pa que. La misma mierda de siempre, pensaba, pero igual fui, total era sábado por la noche y si no voy me quedo en casa matándome a pajas. Pero, joder tíos, aquello no tuvo nada que ver con nada que hubiese podido soñar. Fue la ostia. Al principio parecía lo de siempre pero había algo raro en la entrada. A todos los tíos nos avisaban que debíamos comprarnos una especie de máscara si queríamos disfrutar plenamente del espectáculo. Me pareció una gilipollez, pero vi a dos tíos con cara de enterados que disimuladamente compraban aquellas máscaras, así que me dije que por qué no. No eran exactamente máscaras de carnaval. Eran como máscaras antigás de diseño un tanto cutre, con una formas alucinantes, unas eran como de la guerra, pero otras tenían extrañas formas. Me compré una con dos enormes ojos de cristal para ver y con forma de cabeza de pájaro con un largo pico. La verdad es que todo aquello era un poco como de miedo, pero tenía su morbo, no sé si me explico... pasearse entre todas aquellas tías, algunas bailando casi en pelotas, con la máscara puesta era como de sótano y cadenas... ¿vale?
Total que a pesar del morbillo, al poco rato aquello parecía un sábado más con un montón de gilipollas enmascarados. Copas, pastillas y babear mirando a las tías. Y con la puta máscara de pringado. Así que me busqué un rincón apartado donde poder mirar un rato a mis anchas, sin sentir la mirada de desprecio de las tías, es que, joder, ¿se sienten superiores o qué? Vale, ya corto. Pensé, me tomo el último pelotazo y me abro. Y allí me quede mirando a la tía que bailaba dentro de una jaula, que estaba que me crujían los dientes cada vez que la miraba, hasta que pensé en largarme, cuando anunciaron que había llegado el momento de ponerse la máscara porque empezaba el espectáculo y, a través de los cristales pude ver como los focos se centraban en aquel tío que estaba en medio de la pista. Digo tío, pero parecía totalmente un cerdo. Un pedazo cerdo de dos metros de alto con la cara toda picada de viruela, gafas de sol redondas y envuelto en un impermeable. Con un solo gesto el puto cerdo se quedó en pelotas. Joder, daba asco mirarle. Todo el mundo se apartó de él, y creo que hasta la música se paró, pero no estoy seguro. Y de pronto, entre toda aquella gente que retrocedía asqueada se empezó a notar un movimiento extraño. Los tíos que no llevaban máscara caían al suelo como pajarillos y las tías empezaron a hacer cosas raras como temblando y tocándose, y quiero decir tocándose. Se tocaban las tetas, y su cosa, y parecía que querían irse pero avanzaban hacia el puto cerdo que no dejaba de sonreír. Y entonces empezaron a despelotarse y se acercaron al cerdo... no... se tiraban sobre aquella especie de animal... que, todo sea dicho, iba espectacularmente armado. Pronto aquélla locura se fue extendiendo por toda la sala. La tías estaban salidísimas y despelotaban a todos los tíos y ... bueno... de todo... me fijé en la tía que estaba en la jaula, parecía seguir bailando, pero estaba enloquecida. No sé si estaba idiota o totalmente salida, lo cierto es que no atinaba a salir. Levaba un calentón de dos pares de cojones. Se tocaba, estiraba la mano entre los barrotes hacia donde estaba el cerdo. Después empezó a frotarse contra ellos, por delante y por detrás. Yo me estaba poniendo malo mirando a aquella tía, a mil por hora, ya sabéis, así que cuando aquellas dos tías aparecieron en el rincón no me lo pensé dos veces. No ofrecí resistencia, tíos, ninguna resistencia.
¿Eh? ¿Alguna cosa más? Sí. A pesar de estar metido en faena seguí mirando a la tía de la jaula. Pude ver como el cerdo la descolgaba del techo y la abría de una patada. Cogió a aquella tía desesperada que se desmayo sólo con tocarle y salió con ella al hombro.
Eso es todo, amigos.

¿Qué piensas? Dice Control. No puede ser, digo, todo esto tiene la apariencia de una leyenda urbana. Pues es cierta, y lo que tu piensas, existe, dice Control. Tenemos más declaraciones sobre lo ocurrido en aquella fiesta y todas coinciden. Quizás la del Cascas no sea la más coherente, pero la he escogido porque vio algo que los demás no vieron, cómo Puerco secuestraba a otra mujer.
Digo: No puede ser eso. Eso no existe.
Control: Existe. El AMS existe. ¿Quieres más pruebas?

Señoras y señores hasta aquí la tercera entrega. Pueden comprobar que el cronista intenta mostrar varios registros narrativos para demostrar, y espero que conseguir, que el autor nada tiene que ver con quien hospeda estas desvariadas letras. Confío que tras este fragmento la condición masculina del autor quede a todas luces desvelada. Si ustedes persisten en confundir a nuestra gentil anfitriona con el priápico escritor que ejecuta estas líneas deberé endurecer el tono de la narración.

Jueves, 10 de Febrero de 2005 17:58. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 7 comentarios.

01/02/2005

Porno-trágico II

¿Eso es todo? Pregunto ¿Qué ocurre después? Seguro que puedes imaginar el resto, dice Control musitando, aproximando su boca a mi oído, arrimando su cuerpo a la silla. Noto la blanda tibieza de un pecho en mi hombro. Quizás algún día te lo muestre, y oigo chascar su lengua en el borde de mi lóbulo mientras arrastra las consonantes, húmedas, insinuantes.
De todas formas, dice irguiéndose y separándose de mí, en ese campo todo está visto. La vieja historia de siempre. Estoy pensando en ceder el resto de la grabación a algún estudiante de anatomía para que pueda comprobar la versatilidad del cuerpo humano, la capacidad de dilatación de algunos músculos. Adaptabilidad, elasticidad, resistencia, lubricación. Esas cosas. Nada nuevo. Te he ahorrado lo que no nos interesa y he pasado directamente al final. Observa, dice, y vuelve a aproximar su cuerpo, poniendo en marcha la grabación.
Puerco aparecía acabándose de ajustar el impermeable mientras, a sus pies, la agente de aduanas estaba tirada en el suelo en una postura tan obscena que parecía como si Puerco la hubiese arrojado al suelo después de dejarla inconsciente. La sonrisa no había desaparecido del infame rostro, y suponía que no lo había hecho en el resto de la grabación eludida. Así que sin dejar de sonreír se acerca al cámara hasta que su rostro llena completamente la pantalla. Entonces, bruscamente, se quita las gafas.
Doy un respingo y hecho el cuerpo hacia atrás. Control, que ha previsto mi reacción, no se ha movido, esperando el choque de nuestros cuerpos. La cálida fragancia me domina por un momento aun cuando no puedo quitar la vista de la pantalla, hipnotizado por esos ojos negros sin distinción. Un abismo sin cristalino ni iris, una acuosa negritud iridiscente que rezuma maldad.
Puerco vuelve a ponerse las gafas. Coge la chaqueta del uniforme de la mujer y la envuelve. La levanta como si la mujer no pesara y la carga sobre su hombro. Se va por la otra puerta. No puedo evitar fijar la mirada, ¿con tristeza? ¿Lúbricamente? en las nalgas desnudas que se alejan cabalgando sobre el hombro de la bestia.
Me separo lentamente de Control.
Por eso estoy aquí, digo, intentando parecer imperturbable.
Por eso, dice Control. La Normativa Cash nos permite alquilar los servicios de un Ejecutor cuando un empleado de la compañía es secuestrado. Queremos la cabeza de ese cerdo. ¿Sólo su cabeza? digo girándome ¿y la mujer? La mujer es el pretexto para que tu actúes, dice Control, fría y distante. Lo que ocurra con ella nos es indiferente. Además, pensamos que después de lo ocurrido ya no podrá volver a ejercer su trabajo con eficiencia, eso si es capaz de ser eficiente en algo. Olvida a la mujer. Céntrate en el cerdo.
Necesito más datos. Tengo que saber que ocurrió en esa sala y el porqué de todo este irracional comportamiento. Control coge una silla y la pone junto a la mía. Lo normal hubiese sido mantener las distancias, continuar fría y distante, tanto como su traje le permite ser. La falda un dedo sobre las rodillas, el traje pulcramente ceñido alrededor de su cintura. Sin embargo se sienta a mi lado, emitiendo descargas estáticas, dejando que su falda suba por sus piernas, acercándose más de lo necesario. ¿Quieres un café? pregunta y antes de que pueda responder la secretaria de Control entra en el despacho con dos tazas que deposita frente a nosotros. Gracias, Irene, dice Control. No puedo evitar fijarme en la mujer que se aleja. Lleva una falda negra tres dedos más corta que la de su jefa, bajo la cual unas medias que oscurecen su piel acaban en unos zapatos negros de tacón discreto. En contraposición, en la parte superior todo es blanco: Una curiosa blusa blanca que cruza sobre su pecho anudándose en la cintura dejando un ligero escote en el que asoma un collar de discretas perlas. Lo más llamativo era el total silencio que acompañó a su entrada, como si el tiempo se hubiese suspendido ante la fragancia de oscura voluptuosidad que se mezclaba con el del café, irrumpiendo sin ser reclamada, acudiendo sumisa a la llamada no realizada de su jefa. Después de tantas impresiones su breve aparición altera algo en mi interior. Control rompe el hechizo. No sin cierta sorna, como si adivinara mi turbación, del montón de carpetas sobre la mesa extrae una y la abre ante mí.
Lee y dime que opinas.

Hasta aquí, señoras y señores la entrega semanal de esta serie de género porno-trágico. Noten que es posible que la carga erótica haya disminuido: Prometo que eso se subsanará en futuras entregas siempre y cuando esa opción sea del agrado de todos. Sin embargo se han abierto nuevos senderos en la tensión narrativa: El misterio de Puerco sigue en la oscuridad, los propósitos de Control son inescrutables y la aparición de la secretaria introduce un elemento de pasiva seducción inesperado. ¿Está más interesado el narrador en la secretaria que en Control? ¿Posee Puerco superpoderes afrodisíacos? ¿Persigue Control saciar sus deseos o sólo se trata de una maniobra para mantener en vilo al narrador?
Todo esto y mucho más en las siguientes entregas.
Nota del Autor: Se aceptan nuevas líneas narrativas. Razón aquí.

Martes, 01 de Febrero de 2005 17:58. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 7 comentarios.

26/01/2005

Porno-trágico I

Estática. Tres segundos. Después la grabación comienza mientras líneas de ajuste corren por la pantalla distorsionando la habitación con dos puertas en la que una mujer con uniforme de agente de aduana ordena unos papeles sobre un largo mostrador bajo. No hay nada más, ningún otro mueble, ninguna otra salida o entrada. El mostrador tiene un aspecto quirúrgico que desmiente el blanco amarillento de las paredes mal iluminadas por una bombilla. Una de las puertas se abre dando paso a un agente de aduana acompañando a un ser grotesco, elefantiásico, desmedido.
Siento el roce de unas medias cuando Control avanza un paso a mi espalda. Un crujido de estática que acompaña a sus manos posándose sobre el respaldo de la silla, a su cuerpo inclinándose sobre mi hombro para murmurarme al oído “es él”, como si aquella brutal aparición en la pantalla no me hubiese hecho comprender al instante que era él, el hombre por el que me habían traído aquí. Puerco.
Puerco es un hombre aunque todos consideren que es un cerdo, excepto los cerdos, que le tienen por demasiado humano.
La inmensidad de su presencia empequeñece la habitación. Lleva el cuerpo envuelto en un impermeable negro abrochado hasta el cuello y ceñido por un cinturón en la rotunda enormidad de su cintura. Los pantalones parecen anchos bajo el impermeable, pero están firmemente ajustados bajo sus rodillas y enterrados en unas botas que dejan adivinar la deformidad de sus pies.
La agente apenas puede reprimir una mueca de asco ante el rostro escoriado que se desborda embotado en torno a la ausencia de nariz. Ésta se reduce a un muñón que apenas sobresale de su cara horadado por dos inmensas oquedades en las que la mirada se abisma. Su pelo es corto, recio, escaso. Se podría pensar que sus orejas carentes de lóbulos se afilan en las puntas. Lleva los ojos ocultos bajo unas gafas de cristales negros y redondos.
Puerco sonríe.
El agente coge un papel y lee.
Le esta informando sobre las diligencias a las que procederán, así como de sus derechos y los motivos por los que se considera preciso someterle a un registro exhaustivo de su cuerpo y sus pertenencias, dice Control acercando su cabeza, tan cerca que siento su aliento mentolado y la fragancia enloquecedora que surge de detrás de sus orejas, de su cuello, de sus senos.
¿Ella lo sabe? Ella lo sabe. Me revuelvo inquieto en la silla. Pregunto para despejar mi cabeza, conociendo la respuesta. ¿Una mujer en un registro corporal? No seas antiguo, me dice, hay cosas que a una mujer no se le escapan jamás. Pregunto de nuevo, ganando tiempo. ¿Se respeta la paridad en las inspecciones a mujeres? En la pantalla el agente termina la lectura y conmina al detenido a que comience. Control se aleja un poco, un paso atrás y de nuevo la incitante descarga del roce de sus medias. Idiota, dice, dos mujeres para una mujer, una mujer y un hombre para registrar a un hombre. Es lo habitual.
En la grabación la agente saca de sus bolsillos unos guantes de goma y los deja sobre el mostrador. Imagino el sonido, pero Puerco sonríe despectivamente y empieza a sacarse sus botas.
Ahora empieza, dice Control acercándose de nuevo.
Se quita las botas arrojándolas lejos. Con un gesto seco, desabrocha el cinturón y tirando de las solapas desabrocha el impermeable. Debajo sólo lleva unos tirantes que aparta rápidamente. El pantalón cae al suelo y Puerco queda desnudo sin que su sonrisa desaparezca de su cara. Los dos agentes retroceden un paso. Estigmas purulentos en el pecho, en la espalda, en las nalgas. Volcanes escupiendo sin descanso sanguinolenta pus, cráteres corroídos y quitinosas cicatrices dibujando abruptos mapas por su piel, pulsantes esferas amenazando erupción. Estas son mis marcas, por ellas me reconoceréis, dice su sonrisa. Por ellas y por el colosal miembro que cuelga entre sus piernas.
Observa, dice Control, y sus labios casi rozan mi oreja.
El agente no puede esconder la repulsión que le causa aquel cuerpo. La agente está inmovilizada con las rodillas pegadas y los pies separados. Se puede notar la presión de sus muslos por el temblor de sus piernas. El agente trastabilla y cae al suelo. La mujer parece luchar contra un impulso irracional. Sus manos no pueden estar quietas. Echan su pelo sobre las orejas, pasan nerviosamente sobre los botones del uniforme y lentamente sin ser consciente de ello, los va desabrochando. Avanza una pierna con dificultad, como si sujetase algo entre ellas. Desabrocha totalmente su camisa y la empuja sobre sus hombros. Sus movimientos intentan ser seductores y al mismo tiempo su voluntad parece querer impedírselo. Sus manos inquietas desabrochan los botones superiores de la camisa. Una de ellas se introduce entre las solapas apartándolas a los lados. Avanza otro paso, y otro, directamente hacia Puerco, fijando su mirada en el vacío de sus gafas oscuras. Llega junto a él. Sus dedos acarician levemente el miembro de Puerco, pasando sólo las puntas de sus uñas sobre él. Acerca sus caderas a la inmensidad sebácea e insinúa un movimiento ascendente elevando sus talones del suelo. Su boca busca la oreja de Puerco como si quisiera murmurarle alguna cosa y parece adivinarse la rosada punta de su lengua asomando de sus labios susurrantes.
Estática. Tres segundos. Tres segundos más. Eso es todo, dice Control.

Fin de la primera entrega.

Señoras y señores, ahora llega el momento de la interacción autor-lector. Deben ustedes escoger de qué forma continuará esta historia. Para eso les doy a elegir entre las siguientes tres opciones:
A- Descubrir el resto de la grabación que Control no quiere enseñar.
B- Descubrir de que extraña manera Puerco es capaz de someter a las mujeres.
C- Descubrir los orígenes del repulsivo aspecto de Puerco.

Muchas gracias por su atención y les espero la semana que viene.

Miércoles, 26 de Enero de 2005 17:59. [ + ]. Tema: Porno-trágico Hay 10 comentarios.

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